CLAUDIA

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UN POCO DE SU HISTORIA:

Claudia nació en Jalapa, Estado de Hidalgo. Comenzó a trabajar desde los 14 años como empleada del hogar en la Ciudad de México. Sus hermanas mayores le consiguieron su primer trabajo bajo la modalidad “de planta”, el cual involucraba realizar tareas de limpieza y de cuidado a jóvenes de casi su misma edad, quienes como relata, eran bastante groseros con ella: desde llamarla “india” hasta aventarle la comida. Sin embargo, me explica, que en los 33 años que lleva trabajando, no todo ha sido malo, también ha tenido buenas experiencias y a varios de sus empleadores les ha agarrado mucho cariño.

Cuando se casó, decidió trabajar de entrada por salida. Hoy sus 2 hijos son universitarios, lo que para ella es fuente de orgullo y alegría. Al final, me dice, tanto sacrificio valió la pena, porque como ella explica, su trabajo involucró dejar a sus hijos y cuidar a otros. Noto en su voz que no es un tema fácil para ella. ¿Y cómo lo sería para alguien que no tuvo alternativa más que la de trabajar hasta tarde para poder ofrecerles un mejor futuro a sus hijos?

Claudia intentó acabar la secundaria en la Ciudad de México pero abandonó sus estudios porque terminaba agotada, sólo tenía ganas de dormir. Si hubiera tenido la oportunidad, le hubiera gustado ser diseñadora. Sus hijos le dicen que todavía podría hacerlo, pero ella dice que no, que ya está muy cansada. Hoy, si pudiera, le gustaría  poder viajar, conocer lugares nuevos ya que no ha podido irse de vacaciones y llevarse a sus hijos, el dinero nunca le ha alcanzado y cuando los empleadores salen de la Ciudad, por lo general, a ella le dejan las tareas de la casa. Espera que una vez que su hijo mayor se titule, pueda dejar uno de sus empleos.

Hoy Claudia trabaja en dos casas por día e incluso a veces hasta en tres. Cuando le pregunto si tiene dolencias físicas por causa de su trabajo me dice que sí: le duele la espalda, las rodillas, tiene osteopenia y artritis. Todo esto por tantos años de lavar, limpiar vidrios, planchar, trapear, barrer. Y lo peor, me explica, es que no tiene seguro social por parte de sus empleadores, sabe que difícilmente podrá retirarse y recibir una pensión. Dejar de trabajar para ella no es una alternativa, aún y cuando los médicos le han advertido que en un futuro difícilmente podrá pagar los tratamientos de las enfermedades que padece, en buena medida, por trabajar tanto.

Casi al final de la entrevista me dice que le gustaría que valoraran más a las personas que se dedican al trabajo doméstico porque también necesitan descansar. Para ella no se descansa cuando las vacaciones no se pagan. En realidad, no está pidiendo mucho. En todo caso solicita prestaciones que cualquier trabajador por ley debiera tener para garantizar su salud y su bienestar general: aguinaldo, prima vacacional, seguro social, entre otros.

Texto y entrevista realizada por: Andrea Santiago Páramo.

Fecha de entrevista: 4 de abril de 2016.

Cápsulas radiofónicas producidas por: Andrea Santiago Páramo.

Montaje: Jessica Trejo.

* El nombre de la entrevistada es ficticio para protección de su privacidad. El resto de la información es verídica.

 

 

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