CLEMEN

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UN POCO DE SU HISTORIA:

Clemencia García Ramírez, o Clemen como le gusta que le digan, es de Tierra Blanca, Guanajuato. Antes de venirse a la Ciudad de México, trabajó 7 años con máquina de tejer pero la ropa se la pagaban a un precio muy bajo, “me daban cinco pesos por chambrita”. Su familia, de 12 hermanos, muchas veces no tenía para comer, “había días en los que pura agüita tomábamos”. Un día soñó que se venía a trabajar a la Ciudad de México y en seguida le comentó a su mamá que buscaría trabajo allá. Estaba convencida de que echándole ganas, aprendería rápido. Su mamá se negó, pero a los tres días su prima la llamó para decirle que si quería irse a la Ciudad, había un empleo para ella. Una vez que su papá le dio permiso, viajó a la Ciudad y la “entregaron” a una casa en Jardines del Pedregal donde recuerda que se compraba comida para todo el mes.  Ver la alacena llena debió ser algo muy sorprendente para alguien que a veces sólo ingería un vaso de agua al día. La joven que fue a dejarla, le pidió a Elisa – una de las trabajadoras de la casa- que la cuidara bien, que se acordara lo mucho que al inicio ellas extrañaban a sus familias y lo tristes que se sentían. Elisa le respondió: “si se siente triste que se vaya con el perro que está amarrado”. Fue en ese momento que el sueño de Clemen se vino para abajo. Las dos semanas que duró ahí, tenía miedo de quedarse sola con la otra trabajadora porque la trataba muy mal. En cuanto pudo le mandó un recado a una de sus amigas para que la sacara de esa casa. Le pidió a Dios encontrar un mejor trabajo y casi de inmediato llegó a casa de una pareja joven que necesitaba que alguien cuidara a su bebé. Con tan solo escuchar el tono de voz de la señora, supo que había llegado al lugar correcto.  Si bien se sentía a gusto en su nuevo trabajo, al inicio lloraba en las noches porque extrañaba mucho su casa.

Un día sus empleadores la incitaron a ir a visitar a sus papás pero Clemen les dijo que ella creía que nunca más volvería a verlos porque no sabía dónde estaba ni cómo regresar. Los señores decidieron llevarla hasta Querétaro para que de ahí pudiera tomar un camión a Tierra Blanca. Se quedaron el fin de semana para verla de nuevo en la central de autobuses y regresar con ella a la Ciudad de México. Hasta la fecha, está muy agradecida con sus empleadores por ese gesto.

Clemen comenta que es muy niñera. En la casa donde lleva más de 30 años trabajando, le agarró mucho cariño a los tres niños que cuidaba; aunque hoy tengan más de treinta años, para ella siguen siendo “sus niños”. El cuidado que les brindó iba desde darles de comer hasta estar con ellos cuando tenían pesadillas. Cuando los señores salían de viaje, “sus niños” le pedían que los consintiera y que se quedara a dormir con ellos, Clemen muy contenta colocaba un “catrecito en la puerta”. Me dice con mucho orgullo que uno de ellos ha ido tres veces a visitarla a su rancho. A su llegada le tenía preparado un pastel y adornada su casa con globos. De hecho una de las razones por las cuales Clemen nunca se cambió de trabajo fue por temor a dejar “a sus niños” y que otra trabajadora pudiera pegarles, sólo hasta que ellos estuvieran más grandes y pudieran defenderse, se sentiría tranquila de dejar la casa. Hasta la fecha no lo ha hecho pues me explica que tiene pocos ahorros. Buena parte de su dinero se fue para hacer su casa, y así mismo continúa manteniendo a su mamá y algunos de sus hermanos.

La vida de las personas que trabajan en el servicio doméstico frecuentemente es solitaria. Cuando sus empleadores se cambiaron de casa, Clemen dejó de ver a muchas de sus amigas con las que convivía en su tiempo libre y a la hora de sacar la basura. Describe la sensación de cambiarse de casa como haber entrado a una olla, pues sin conocer a nadie de la cuadra, se siente encerrada.

Clemen hoy tiene 63 años y muchas de sus dolencias físicas son producto del trabajo. Me explica que las personas que trabajan “de entrada por salida” no se “amuelan tanto como las de planta”. Para aguantar el trabajo toma vitaminas naturales que ella misma compra. A la fecha no tiene seguro social y si bien no sabe cuánto tiempo más seguirá trabajando, dice que se irá tranquila pues, al final de cuentas, uno de “sus niños” sabe el camino que va a su rancho.

 

Texto y entrevista realizada por: Andrea Santiago Páramo.

Fecha de entrevista: mayo de 2015.

Cápsulas radiofónicas producidas por: Andrea Santiago Páramo.

Montaje: Jessica Trejo.

 

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