ELVIRA

Dale click para escuchar su testimonio:

 

UN POCO DE SU HISTORIA:

Elvira Hernández es del Estado de Oaxaca. Se vino a los 12 años a la capital a trabajar como empleada del hogar. Su mamá trabajaba como niñera en la Ciudad de México, era madre soltera y de muy escasos recursos. La abuela era quien se hacía cargo de ella y sus hermanos en Oaxaca. Antes de venirse a la Ciudad, recuerda que trabajaba haciendo petates, sombreros y tortillas. Su mamá, sin embargo, le dijo que tenía que irse con ella a trabajar para ayudar a sostener a sus hermanos. Elvira no quería, pero no tuvo opción. Me dice: “fue triste cuando yo llegué acá”. La ciudad no le gustaba, se mareaba en los camiones y las casas grandes le daban miedo.

La colocaron en una casa de los amigos de los patrones de su mamá, donde la trataron muy mal. Las personas de la casa no le tenían mucha paciencia y no le enseñaban cómo hacer las cosas. Elvira no tenía experiencia trabajando en casas y menos en una de esas dimensiones. Le tronaban los dedos, le exigían cosas de mala manera y la insultaban. Se acuerda un día que le dejaron los ingredientes para hacer unos chiles rellenos, sólo que no le salieron porque los hizo del lado contrario. Al servir la cena, la señorita le aventó el refractario con todo y chiles, y una vez roto, se lo descontó de su sueldo. En esa casa duró 8 meses y descansaba sólo medio día los domingos. Por más que le comentaba a su mamá que ahí no se hallaba y que la trataban mal, ella le respondía que así era el trabajo, que tuviera paciencia. Y en esos tiempos, me explica, uno obedecía a la mamá. Por suerte una señora que llegó a trabajar a esa casa, la pudo sacar de ahí y le consiguió otro trabajo donde le fue mucho mejor.

Elvira se casó y tuvo 3 hijas. A partir de que conformó su propio hogar, optó por trabajar de “entrada por salida” en diferentes casas. En algunas ha trabajado por más de 20 años. Dice que sus empleadores la tratan bien, sin embargo, con algunos, sus condiciones laborales son poco deseables: no le dan vacaciones y cuando se enferma no le pagan el día, aún y cuando lleva 19 años trabajando para ellos. Con respecto al aguinaldo, dice que sí le dan, pero “no como se debe”, lo que me da a entender, que para ella ha de ser muy poco. Así mismo, no siempre le aumentan el salario y cuando lo hacen, es una cantidad que para ella no representa un cambio: veinte pesos cada 2 años no le hacen mucha diferencia, sobre todo tomando en cuenta el aumento de los precios en el mercado. Le gustaría que por lo menos le aumentaran lo suficiente para cubrir sus pasajes pues diario gasta aproximadamente 50 pesos para desplazarse.

Elvira, sin embargo, no le ha reclamado nada a sus empleadores, en parte por pena y en parte por miedo a perder su trabajo. Pero me dice que si alguien las escucha, espera que la gente entienda que ellas trabajan por necesidad y que uno les debe dar lo que se merecen porque es un trabajo muy pesado. También me dice no está bien que se expresen mal de las trabajadoras del hogar porque al final de cuentas todos somos seres humanos. Recuerda cómo una vez le tocó escuchar en una reunión a alguien decir: ¿sabían que las chachas sólo se arreglan los domingos? Su empleadora sólo cerró el ojo, supongo que en el intento de hacer a las señoritas conscientes de que Elvira podía escuchar desde la cocina.

A Elvira no le gusta utilizar uniforme en su trabajo puesto que para  ella es un modo de hacer notar aún más que son humildes, una forma de subrayar la diferencia entre empleadores y empleados. Y lo mismo con “la famosa campanita” que en alguno de sus trabajos llegaba a sonar cada que le solicitaban algo.

Por lo poco que pude hablar con ella, me doy cuenta de que es una persona muy sensible y por lo mismo, se siente muy bien cuando le dicen “qué bien quedó la casa”, “que bonito te quedó”. Para ella, eso significa que valoran su trabajo. Me pongo a pensar cómo esos pequeños gestos de agradecimiento pueden cambiar de forma tan grande la vida de una persona.

Elvira lleva hasta el día de hoy 45 años trabajando. No cree que en sus trabajos la vayan a jubilar y desearía tener un contrato pues así podría tener más recursos para defenderse. Ella me dice que ya va de salida, pero esperaría que valoraran más a las trabajadoras que apenas empiezan o que aún les quedan muchos años por trabajar.

 

Texto y entrevista realizada por: Andrea Santiago Páramo.

Fecha de entrevista: 5 de abril de 2016.

Cápsulas radiofónicas producidas por: Andrea Santiago Páramo.

Montaje: Jessica Trejo.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s