LETICIA

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UN POCO DE SU HISTORIA:

Leticia nació en el Estado de México, tiene 35 años, 5 hijas y trabaja como empleada del hogar. Comenzó a trabajar en casa por recomendación de su mamá y encontró en este tipo de empleo una ventaja por la flexibilidad en términos de horarios y acuerdos a los que llegaba con sus empleadores. Me explica que difícilmente en una empresa uno puede faltar más de 3 días, mientras que en el servicio doméstico se puede faltar si se avisa, aunque eso involucre a veces quedarse sin la paga del día. Sin embargo, como madre de cinco, para ella eso representa una ventaja pues hay juntas escolares a las que no puede faltar.

Leticia trabaja de “entrada por salida” 4 días a la semana en una sola casa, en un horario de 9 a 4 pm. Cuando le pregunto que me describa un día normal de trabajo, me explica que es ella quien toma la iniciativa. Nadie le dice qué actividades realizar, sino que ella se organiza para llevar a cabo la limpieza de la casa. Ella se siente bien con su actual empleo, sin embargo, algo que no le gusta es que cada vez que sus empleadores salen de vacaciones no le pagan y esto hace que su salario sea inestable. En esos días, me dice, “¿yo qué hago?” Buscar otro trabajo para cubrir esos días, no es tan fácil.  A la fecha no ha reclamado nada por temor a ocasionar un conflicto.

Leticia ve ventajas y desventajas tanto cuando se trabaja de “planta” o de “entrada por salida”. En la primera modalidad, la ventaja es que uno no gasta en pasajes ni alimentos, por lo que el sueldo sale libre. Sin embargo, de “entrada por salida”, uno puede estar con su familia y para ella es mucho más importante estar con sus hijas que ganar más, por eso siempre ha buscado trabajos que le permitan pasar tiempo con ellas.

Sobre si le gustaría tener o no contrato, me dice que por un lado sí y por el otro no. Con contrato, sabe que al menos podría exigir una remuneración después de haber trabajado cierta cantidad de años y tener acceso al seguro social. Sin embargo, piensa que si tuviera seguro social, esos 300 pesos que le dan, ya no saldrían libres.

En este tipo de trabajo, los salarios varían. Como me explica, depende de las persona si te dan más o menos. No importa si la gente para la que se trabaja es muy rica, porque aun teniendo mucho, pueden pagar muy poco. Como casi todo en este trabajo es cuestión de “buena suerte”. Leticia está muy consciente de esto y se siente afortunada de no haber tenido malas experiencias, pero sabe que no es así para todas las empleadas del hogar. Por eso no desea que ninguna de sus hijas se dedique a esto, prefiere que sigan estudiando y consigan otro empleo. De hecho, ella tiene planes de trabajar como secretaría o asistente ejecutiva en una empresa. Sólo le falta sacar su certificado de secundaria y comenzar a estudiar de nuevo. Está decidida a hacerlo para demostrarle a sus hijas que no hay límites y para animarlas a buscar algo mejor.

A diferencia de otras personas que he entrevistado, me dice que le gusta utilizar uniforme porque de esa manera no ensucia su ropa. Sin embargo, también me explica que hay lugares donde siente que  les piden utilizarlos para diferenciar entre condóminos y empleados, y de este modo restringirle el acceso a ciertos lugares. Esto la hizo sentir incómoda en algunos empleos. En un lugar donde trabajó sólo podía sacar a pasear al perro si se colocaba una bata.

La relación con su empleadora actual es distante. Pero eso no le molesta, es más, me dice que se siente mejor así: “entre menos sepan de mi vida y yo de la de ellos mejor, sino luego surgen conflictos”. Tampoco le molesta el no sentarse a comer en la mesa con sus empleadores. Para ella, que le den de comer, es lo que realmente importa.

Leticia cuenta unas cosas interesantísimas sobre algunas bolsas de trabajo para empleadas del hogar. En el Pedregal, por ejemplo, hay una Iglesia donde van mujeres de todas partes de la República a buscar trabajo. Dejan cartas de recomendación y comprobante de domicilio y esperan sentadas a que algún posible empleador las entreviste. Si todo sale bien, en uno o dos días, se “las llevan”. Ellas no tienen garantía de que los empleadores sean “buenas personas”, a ellos no les piden ningún requisito, pero ahí mismo entre trabajadoras van haciendo recomendaciones sobre algunos de los empleadores que se presentan: “ésa no porque es judía, ése es gay o ésa tiene muy mal humor”. Me explica cómo muchas trabajadoras terminaban por irse de una casa por el hecho de que los señores eran homosexuales. Pero para ella, la preferencia sexual de sus empleadores, no debiera interferir con su trabajo.

Leticia me comenta que en su experiencia, ha notado que en esta Iglesia se llevan más a las mujeres que no son de la Ciudad y que son más jóvenes, pues “las de México no nos dejamos”.  Yo me pregunto cómo será llegar de un lugar lejano a buscar empleo sin saber con qué familia y en qué casa les tocará trabajar. Simplemente “se las llevan”. ¿A dónde? No lo sé, pero probablemente muy lejos de todo lo que ellas habían conocido hasta ese entonces.

Texto y entrevista realizada por: Andrea Santiago Páramo.

Fecha de entrevista: 24 de marzo de 2016.

Cápsulas radiofónicas producidas por: Andrea Santiago Páramo.

Montaje: Jessica Trejo

 *Por cuestiones de privacidad, la entrevistada prefirió no dar su nombre completo.

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