PAULA

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UN POCO DE SU HISTORIA:

Paula Hernández Pérez es originaria de Jalacingo, Veracruz, y trabaja como empleada del hogar desde hace aproximadamente 24 años. Estudió hasta quinto de primaria porque su papá decía que la mujer no era para el estudio sino para estar en casa. Se vino a la Ciudad de México cuando tenía diecisiete años porque su mamá les inculcó, a ella y a sus hermanas, el salir a trabajar para en caso de que el marido las golpeara, pudieran salir adelante solas.

Paula es una persona sumamente alegre e ingeniosa, al  preguntarle a qué se dedicaba, rápidamente sacó una broma y dijo que era: “ingeniera en escoba y recogedor”. Es alguien a quien también le gusta aprender y demostrarse a sí misma que es capaz de hacerlo. Me dice  que “no le gusta ser a medias”, el conformismo le molesta y por eso en sus trabajos cuando algo hace falta, ella le encuentra solución.

Paula es madre soltera y tiene 3 hijos.  Sus hijos no viven con ella sino en casa de uno de sus hermanos, en el mismo lugar donde ella nació. Su cuñada se los cuida e intenta ir a verlos una vez al mes pues por ahora quiere ahorrar para terminar de construir su casa. Varias veces trajo a sus hijos a vivir a la Ciudad de México, pero sus horarios de trabajo y el no tener a nadie quien se los cuidara, dificultó que se quedaran.

En la actualidad tiene 4 empleadores y trabaja bajo la modalidad “de entrada por salida”. Sus jornadas de trabajo son bastante extensas pues casi todos los días labora en dos casas. Los martes y viernes sale hasta las 12 pm, mientras que los lunes y miércoles sale a las 10 pm. Me dice que si bien acaba como “cucaracha fumigada”, todavía alcanza a llegar con una sonrisa a casa.

Para Paula su trabajo “no es algo soñado”. A ella le hubiera gustado ser licenciada en derecho penal o locutora de radio ya que le gusta mucho hablar y relacionarse con las personas.  Sin embargo, opina que algo fundamental para que no se le haga pesado su empleo, es ponerle cariño y amor a lo que hace, eso lo aprendió de una patrona colombiana e intenta ponerlo en práctica todos los días. De su trabajo, lo que más le gusta es cocinar y que se lo reconozcan. Así mismo, aprecia tener autonomía cuando realiza sus tareas, le molesta que los empleadores le cambien sus actividades y que le digan qué hacer.

En sus más de veinte años trabajando ha tenido todo tipo de experiencias. Las buenas van desde aprendizajes adquiridos gracias a sus empleadores hasta condiciones laborales justas (vacaciones pagadas, aguinaldo, jornada de 8 horas), pero otras dan cuenta del maltrato y discriminación sufrida por este sector. Por ejemplo, cuenta que en algunas casas le esculcaban sus cosas, le prohibían comer ciertos alimentos o le daban indirectas de que estaba comiendo demasiado. Tuvo una empleadora que la “cacheteó” y despidió porque no encontraba un suéter, aunque una semana después, una de sus compañeras de trabajo le llamó para decirle que la prenda había aparecido en la tintorería. Otra patrona la corrió de su casa en la noche y por más que ella le pidió esperar sentada en el jardín o en el sillón hasta que amaneciera, le dijo que no porque iba a empulgar sus cosas.  

En algunas ocasiones, la forma que Paula ha enfrentado los malos tratos en su trabajo ha sido escoger muy bien el día que sus empleadores más la necesitaban para abandonarlos: en una reunión o cuando los empleadores tenían una cita importante. Pedía por adelantada su paga y después se iba. De brazos cruzados, no se iba a quedar.

Paula se imagina cómo se comportaría si ella fuera la patrona, y dice que sí sería muy exigente pero buscaría que en la relación de trabajo hubiera igualdad o como ella lo expresa “partes iguales: ni yo más, ni yo sentirme de la alta alcurnia, que no lo soy, pero tampoco aplastar a la que viene hacer un servicio”. También, con sarcasmo, dice que ella no cree cuando los empleadores dicen “eres como de la familia”, porque si realmente fuera así, no mandarían a la gente de servicio a un cuarto donde están “los triquis, las bolsas viejas, los arreglos de navidad, sillitas del bebé que ya el bebé tiene 45 años”. Para ella ser de la familia comenzaría por tener un cuarto digno, “casi parecido al de ellos, con un mueble, un buró,  una camita bien decente, unas cobijas bien abrigadoras.”

Finalmente sobre los nombres despectivos que ella detecta dice que no se vale poner calificativos porque ellas también podrían hacer lo mismo con los patrones: “ay es que el ruco, es que la ruca, es que la vieja, es que el viejo, es que la pirujita”. Sin embargo, ella tiene claro que sean lo que sean y se dediquen a lo que se dediquen, no se vale referirse así de las personas. Por lo visto, en ocasiones los más indicados para dar lecciones sobre el respeto y la libertad de expresión, se encuentran en los lugares más inesperados.

Texto y entrevista realizada por: Andrea Santiago Páramo.

Fecha de entrevista: 5 de marzo de 2016.

Cápsulas radiofónicas producidas por: Andrea Santiago Páramo.

Montaje: Jessica Trejo.

2 pensamientos en “PAULA

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